Cuando los sueños se hagan realidad

La adaptación cinematográfica de la novela “Solaris”, del escritor polaco Stanislav Lem, da lugar al tercer largometraje de la filmografía del director ruso Andrei Tarkovski.
Intentar un acercamiento a su lenguaje cinematográfico basándose en interpretaciones retóricas o buscando paralelismos en base a técnicas propias de otras artes, resultará estéril, Tarkovski cree en la especificidad e independencia del cine como arte, expresándose a través de un lenguaje propio e independiente de recursos pictóricos, musicales u arquitectónicos que, si bien pueden constituir un apoyo, nunca articularán la obra cinematográfica. Como el propio autor dice, “… las imágenes expresan la concreción e irrepetibilidad  de un hecho real…
No es de nuestra incumbencia desarticular los mecanismos de su poesía, lo que se entiende por si mismo se vuelve incomprensible y ese misterio, su eco, enraíza en nuestro ser. De esta forma, secuencia a secuencia, reverberando una sobre otra, se  expresa  algo que, de existir, todavía sigue allí, anclado en el tiempo.
Esa independencia mágica de la obra sobre la realidad, ese sueño a donde Tarkovski nos lleva, se encarna en Solaris, un planeta-consciencia investigado sin éxito por la ciencia del momento.
El psicólogo Kris Kelvin es enviado al planeta con la misión de investigar los confusos mensajes recibidos desde la estación espacial y evaluar los riesgos que podría causar la extraña actividad del planeta en la Humanidad.
Los días previos a la partida, el tránsito nostálgico a través de paisajes urbanos y naturales, el extrañamiento con que nos relacionamos, la acumulación compulsiva y aleatoria de los recuerdos de una vida que transcurre ansiosa, la indiferencia… reflejan el panorama al que estamos sometidos en mayor o menor medida, una visión donde se denuncia una sociedad  ofendida, sometida y saturada con información de infame vulgaridad estética, señalándonos como únicos responsables para abolir un sistema que pretende anestesiar nuestro espíritu.
El contacto se ha producido con resultados sorprendentes: el planeta tiene la capacidad de sondear el subconsciente de los visitantes terrestres  materializando físicamente lo que allí encuentra.
Para su desgracia, lo más profundo del alma de los investigadores esta llena de frustración y dramas archivados sin resolver.
Kelvin y el resto de tripulantes de la estación se ven obligados, cual Sísifo moderno, a revivir sus miedos, frustraciones, y secretos más inconfesables.
Solaris induce a sus visitantes no solo a enfrentarse a sus recuerdos, sino que les da la oportunidad de revivirlos, que el sueño sea simultáneo a la vigilia, sumergiéndolos en un estado en el que, sólo aceptando la responsabilidad sobre sus sueños, sobre la información encriptada que nos asalta cada noche – quizás como eco de un instante de inconsciencia diurna -, será posible que el alma se libere del peso de la razón. El empirismo nunca calmará la sed que padece el alma humana, la sed de lo vacío, lo despojado de intención, lo ajeno a si mismo, la tendencia a lo inédito, lo absurdo e inútil, que Solaris sueñe la Tierra mientras la Tierra sueña Solaris.

The film version of the novel “Solaris”, of the Polish writer Stanislav Lem, originates the third  film of the Russian director Andrei Tarkovski.
To try an approchement to its cinematographic language being based on rhetorical interpretations or seeking parallelisms on the basis of techniques specific to other arts, will result sterile, Tarkovski believes in the specificity and independence of the cinema as a art, expressing via an own and independent language of pictorial resources, musicals or architectural that, although can constitute a support, will never articulate the feature film. As the author says, “… images express the conciseness and
authenticity of an actual fact”
It is not of our incumbency to disarticulate the mechanisms of its poetry, which is understood in case same turns around incomprehensible and that mystery, its echo, takes root in us. In this way, sequence to sequence, reflecting one on another, is expressed something that, supposing that it exists, still follows there, anchored in time.
That magical independence of the work on the reality, that dream to where Tarkovski take us, is embodied in Solaris, an investigated planet-consciousness without success for the science of the moment.
The psychologist Kris Kelvin is sent to the planet with the mission of researching confusing messages received from the space station and to assess risks that would be able to cause the stranger activity of the planet in the Humanity.
Preliminary days to the departure, the nostalgic transit via cityscapes and naturalscapes, the mistrust with that us relate, the compulsive and random accumulation of the memories of a life that it passes gung ho, the indifference… reflect the outlook to that which are subjected in great or smaller measure, a vision where an offended society is condemned, subjected and saturated with information of infamous aesthetic vulgarity, pointing out us as only people in charge to abolish a system that expects anaesthetise our spirit.
The contact has been produced with shocking findings: the planet has the skills of sounding out the subconscious  of the visitors land materialising physically which there finds.
For its misfortune, the deepest of the soul of investigators is full of frusttration and unsolved filed dramas.
Kelvin and the rest of crew members of the station are seen obliged, which Sísifo trendy, to relive its fears and  more inconfesable secrets.
Solaris induces to its visitors not only to confront its memories, but instead that them gives the opportunity of reliving, that the dream is simultaneous to the vigil, immersing them in a state in which, just accepting the responsibility on its dreams, on the encoded information  that us robs every night – maybe as an echo of an instant of day-time unconsciousness -, will be possible that the soul is freed of the weight of the reason. The empiricism will never soothe the thirst that suffers the human soul, the thirst of the empty thing, the stripped thing of intention, it unaware of if same, the trend to the unknown thing, the absurd thing and useless, that Solaris dreams the Earth while the Earth dreams Solaris.

Publicado en azul eléctrico cultura subterránea nº11. Visiones de Futuro.

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