Ángulo muerto

Un condenado a muerte se ha escapado (1956), es la quinta película de Robert Bresson y la primera de un tríptico conocido como “ciclo de la prisión”, que se completa con las sucesivas Pickpocket (1959) y  Procès de Jeanne  d’Arc (1962).

Aunque no acostumbro a fijarme en los datos bibliográficos de un autor, diré que me interesé por la vida de Bresson sólo para confirmar que él mismo experimentó la cárcel durante la ocupación nazi. Sea como fuere, la primera imagen se acompaña de la siguiente confesión: “Esta historia es verdadera. La cuento tal como es, sin ornamentos” y tras los títulos de crédito superpuestos al agrietado muro de la prisión, aparecemos en el desenfocado interior de un vehículo. Afuera, la calle nítida y casi vacía, dentro, Fontaine (el condenado) que tras ser atrapado y apaleado, es conducido a su celda.

Las referencias  al mundo exterior desaparecen para dar paso a un lenguaje de pisadas, chasquidos, golpes y rasgueos, que convierten el rostro de Fontaine en un tejido que se tensa y relaja esbozando los invisibles espacios adyacentes. De alguna forma, entendemos que lo que no se ve, es aquello que realmente impulsa los actos de Fontaine, y  nosotros como espectadores, descubrimos la paciente y desoladora tortura que supone una cárcel como espacio, probablemente el lugar donde más poéticas evocaciones del exterior podamos acumular.

Tras la desesperanza inicial, el protagonista entiende que sólo a través de la paciencia y la determinación podrá reconquistar la libertad, mientras que  la mayor parte de sus compañeros se distraen en justificar su docilidad ante la situación impuesta, así, plantean reflexiones entorno a la verosimilitud de la adaptación como virtud. Fontaine lo tiene claro, la adaptación es una trampa.

Esta convicción no impide sin embargo que le asalten dudas, el espacio-tiempo del contundente ritmo carcelario puede derrotar a cualquiera, y la costumbre siempre está dispuesta a aliviar las indecisiones del alma.

Ahora, recuerdo a Fontaine  alejándose, andando rápido, no corriendo como cabría esperar. Andar rápido, sin correr, probablemente… riéndose.

 

Publicado en azul eléctrico cultura subterránea
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